Anoche, el cuerpo central del diario estaba casi cerrado. Quedaban sólo dos páginas por enviar a la planta impresora, más otras tres páginas de la sección Deportes, donde se aguardaba la finalización del  superclásico entre Boca y River. En otras palabras, "el chivo estaba en el lazo", como solía decir un viejo jefe de redacción cuando la jornada llegaba a su fin. Pero una llamada -siempre es una llamada y siempre es inesperada-, nos alertó que habrían robado hasta nueve casas en un country de Yerba Buena y que el botín sería importante. Un hecho inédito en esta provincia, al menos de esa magnitud. Al grito de "¡paren las rotativas!", rediagramamos dos páginas (la 16 y la tapa), mientras los periodistas averiguaban lo que había ocurrido. Son cosas que pasan a menudo en esta profesión; se tiran páginas enteras a la basura y a empezar de nuevo, desde cero.